Wednesday, November 01, 2006

No pares. Capítulo 1: La pantalla cóncava


Hasta los 16 años, el paso del tiempo fue para mí una pesadilla, el argumento de mi depresión, la constatación de nuestro inexorable destino. La noche se convirtió en el mejor ejemplo de que el fin, la muerte, es una cuestión diaria, que nacimos como a las 7 de la mañana, en promedio, y que fallecemos con la noche. Y el atardecer del día domingo es la muerte de las muertes, más que un miércoles feriado.
Eso explica porqué gatillé una depresión viendo “La guerra de las galaxias” en el televisor Philips, 27 pulgadas, con carcasa de madera, que había en casa. En esa pantalla cóncava, la noche era muy noche. De pequeño, las películas de terror adquirían tal realismo que me obligaba a cerrar los ojos antes de que apareciera el monstruo de turno.
Como George Lucas se empecinó en mostrarnos la inmensidad del universo estrellado, esa permanente noche interrumpida por el fulgor de las espadas láser me aniquiló las ganas de crecer y ser adulto. En el peor de los casos anhelaba ser un jubilado con la vida ya recorrida.
A los 16 años descubrí los programas radiales de trasnoche y mi vida cambió.

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