Thursday, March 29, 2007

Días de onda corta

La radio a tubos demoraba menos en encenderse que el televisor con carcasa de madera. En verano, cerca de las 2 de la mañana, fumando mis primeros Lucky sin filtro, botando el humor por la ventana hacia la calle, me topé con una radio de Comodoro Rivadavia, en onda corta. Muchas risas grabadas, bromas internas. No entendía nada, pero fue curioso mi interés día a día.
Luego vino Rueda libre, en la Chilena, La Bailona, en radio Minería, y el clásico trasnoche de la Colo Colo, que en Curicó sólo llegaban nítidas después de medianoche.
Una acción de rebeldía, al final de cuentas, se convirtió quedarme despierto hasta las 4, 5 de la mañana, dependiendo de los contenidos y la música, dirigidos a un público amplio, pero evidentemente adulto. Así me informé del tango, de los boleros y de Los Ángeles Negros.

Wednesday, November 01, 2006

No pares. Capítulo 1: La pantalla cóncava


Hasta los 16 años, el paso del tiempo fue para mí una pesadilla, el argumento de mi depresión, la constatación de nuestro inexorable destino. La noche se convirtió en el mejor ejemplo de que el fin, la muerte, es una cuestión diaria, que nacimos como a las 7 de la mañana, en promedio, y que fallecemos con la noche. Y el atardecer del día domingo es la muerte de las muertes, más que un miércoles feriado.
Eso explica porqué gatillé una depresión viendo “La guerra de las galaxias” en el televisor Philips, 27 pulgadas, con carcasa de madera, que había en casa. En esa pantalla cóncava, la noche era muy noche. De pequeño, las películas de terror adquirían tal realismo que me obligaba a cerrar los ojos antes de que apareciera el monstruo de turno.
Como George Lucas se empecinó en mostrarnos la inmensidad del universo estrellado, esa permanente noche interrumpida por el fulgor de las espadas láser me aniquiló las ganas de crecer y ser adulto. En el peor de los casos anhelaba ser un jubilado con la vida ya recorrida.
A los 16 años descubrí los programas radiales de trasnoche y mi vida cambió.

El comienzo


Necesitaba una excusa para escribir. Necesito historias y este espacio sirve para encontrar esas historias. Entre todo lo que escribiré, por capítulos o no, algo servirá. Ahora estiro los dedos, los muevo, se alistan...